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Saturday, 28 de April 2012

MATANZA

Nunca he presenciado una matanza, me refiero al momento en que se mata al cerdo; creo que no me gustaría por ese simple paso o instante entre la vida y la muerte. Así que los cerdos, eran cuatro, ya habían sido matados y estaban sobre un remolque uno al lado del otro a la espera que hombres y mujeres se organizaran para seguir con la faena.

El cerdo era hasta ese momento un ser viviente que había dejado de estar vivo. Me sentía un tanto cohibida, en estado emocional aunque el cerdo no era mio ni había vivido conmigo como mi mascota. Media hora antes era un ser que se me parecía en muchas cosas: había nacido, crecido, alimentado y reproducido. Había tenido funciones vegetativas y experimentado sensaciones parecidas a las miás, no se a que nivel, pero si con el mismo nombre como el dolor o el hambre.

 

Ahora estaba ahí colgado cabeza abajo, lavado y sin pelambre. Un hombre mayor y experimentado lo abría en canal y le quitaba las vísceras. De repente pasó de ser una criatura a un producto comestible y convertible en diferentes nombres como chorizos, jamones, chuletas y guisos varios. Yo solo saboree el preludio de la fiesta con una cerveza que me encontré en la mano sin casi darme cuenta quien me la había dado. El día siguiente seria el del trabajo duro, el del despiece y trasformación.

Seguimos camino, fue suficiente para la primera vez este acercamiento a este rito pagano que ha alimentado durante siglos la raza humana.