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Wednesday, 11 de March 2009

DEL INFIERNO AL PARAISO

En estos días de pre-primavera el tiempo pasa, en el norte de Europa, entre un obscurecer y aclarar del cielo. Lluvias aburridas y repetitivas y pequeños claros celestes de luz transparente que parecen anunciar grandes cosas, casi épicas pero que terminan durando un suspiro.

 

 

 

Paris está en el Norte y los nubarrones corren en el cielo a la desesperada; marzo es así un poco loco y juega un día al invierno y otro a todo lo contrario. En los claros aparece un sol vivaz y alegre que despierta a la vida lo que toca.

 

El pasaje d’Enfer tiene más de infierno bajo las garras de las sombras, el incendio provocado por el rayo de sol lo convierte en el Paraíso de una isla apartada y bucólica y por supuesto carísima.

Ya todas las ciudades turísticas tiene sus barrios refugio donde el guiri no llega casi y tampoco ese aire disneylandico de todo posible aunque la crisis mande al paro todos los seis primos de una amiga.

 

Una semana de apartamento de Norte casi clavado me llenó de hambruna de sol y viví con magia sus momentos, persiguiendo, en esos momentáneos claros, sus rayos que redibujaban donde alumbraban. El sol de Paris es especial, ilumina de una forma que no encuentro en ninguna otra ciudad conocida.

 

Sol si, sol no, visité las exposiciones de la Maison Européenne de la Photpgraphie (Giorgia Florio) y me divertí haciendo de modelo para el proyecto de unas amigas. Descubrí que ante la cámara soy una narcisista y el digital un sedante para los de paciencia corta como yo.

 

En la autopista tres coches de los de la aduana me estudiaron detenidamente y terminaron parándome; yo creo que mi sombrero a lo Indiana Jones fue el detonante o simplemente el salir de lo conservador sigue despertando sospechas.